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El mundo apacible de Eduardo Rodera al pie del Guadarrama

El Museo Rodera-Robles presenta en sus salas de la Casa del Hidalgo la exposición temporal ‘El Mundo apacible de Eduardo Rodera al pie del Guadarrama (Su mirada en La Granja, Valsaín y la montaña)’, una muestra de fotos de Don Eduardo Rodera San Frutos, artífice del Museo Rodera Robles, que podrá visitarse hasta el mes de junio.

Quienes conocieron a Eduardo Rodera, saben perfectamente que sus veraneos en La Granja y la adquisición de una vivienda para este fin, nada tenían que ver con el sentido general de los veraneantes del Real Sitio, derivado de seculares tradiciones familiares iniciadas cuando sus antepasados formaban parte del entorno aristocrático de la Corte de Madrid.

El caso del apego de Rodera a La Granja, al que se sumó con entusiasmo su esposa, Rafaela Robles, le venía de muy lejos en el tiempo y de muy cerca en el espacio. Había nacido en Segovia, ciudad en la que transcurrió su infancia y adolescencia y de la que partió hacia Madrid -como tantos y tantos segovianos- de antes, entonces y ahora- a buscar un futuro distinto al que le estaba esperando en el comercio de zapatería que su padre tenía en la Calle Real segoviana. Pero nunca olvidó las excursiones familiares que, en esos primeros años de vida, le llevaban una y otra vez a visitar los jardines, el palacio, la colegiata, las calles de La Granja,  ni las comidas en la Boca del Asno o en Los Asientos.

Ahí nació esa imperiosa necesidad de estar siempre vinculado al Real Sitio. Sí, era un segoviano de los pies a la cabeza al que también, como puede comprobarse en sus reportajes de fotógrafo aficionado y firmemente enraizado, le gustaba recorrer los pueblos, villas y lugares de su provincia, atrapando imágenes de arquitecturas monumentales pero, sobre todo, de la forma de vida de sus paisanos.

En cuanto su economía se lo permitió, habilitó su refugio veraniego en La Granja, en el centro del Sitio, frente a La Calandria. Y desde allí, en sus paseos, unas veces en solitario y otras con amigos y familiares, recorrió los lugares más singulares de este fragmento de la cara Norte de Guadarrama que incluye, además del Real Sitio, el no menos Real lugar de Valsaín, en cuya “Casa del Bosque”, palacio real hoy reducido a un montón de sillares y a los recuerdos históricos de las cacerías de Enrique IV o del nacimiento entre sus muros de la que fuera Gobernadora de los Países Bajos, Isabel Clara Eugenia.

Y, por supuesto, sus paseos buscando las fuentes que recogen las aguas a lo largo del puerto de Navacerrada, los paisajes boscosos, los torrentes serranos y todo aquello que, constituía su propio paraíso. Las fotografías tomadas por Eduardo Rodera tienen como fechas extremas los años 1949 a 1976. Su cámara nos permite percibir la vida de las calles y las personas que habitaban junto a él en sus veraneos granjeños, poniendo un interés especial en las manifestaciones festivas y religiosas del momento. Y la Sierra, su Guadarrama.

LA EXPOSICIÓN

La muestra fotográfica recorre, en primer lugar, algunas de las calles de La Granja: la “Cuesta de la Maja”, la “Valenciana”, “Felipe V”, los jardines de palacio, “La Calandria”. Y los alrededores de la población: la “Puerta del Campo”, el cementerio, la fábrica nueva de cristal o la incipiente urbanización “Caserío de Urgel”; atrapando para siempre en su cámara la perdida actividad de las lavanderas del arroyo de la “Peña del Berrueco”; las yuntas de bueyes o los gabarreros con sus cargas de leña de regreso a casa.

Repasa acontecimientos anuales como las procesiones del Corpus y de la Virgen de los Dolores, las danzas, los toros, las competiciones en el ‘Campo de Polo’, el tiovivo de la feria, los gigantes y cabezudos, la Jura de Bandera en el campamento de Robledo o la incipiente y ahora afamada y populosa ‘Judiada’ anual.

A continuación el visitante tiene ante sí la Pradera de Navalhorno y Valsaín: el caserío, sus vecinos, el aserrío, las ruinas de palacio. Y hasta podrá estar presente, gracias a algunas instantáneas de Eduardo Rodera, en la inauguración de la iglesia en 1949.

Se nos invita después a compartir la Sierra y las salidas camperas. Son muchos los recorridos por distintos lugares de las cercanías de los núcleos de La Granja, La Pradera y Valsaín. Accediendo en sus excursiones a los lugares más emblemáticos: la Mata de la Sauca y los Chorros en las Peñas Buitreras; El Robledo; la Boca del Asno, las Pasaderas, el puente del Anzolero, el chalet “Cantero”, derruido recientemente; zonas emblemáticas del “Camino de las Pesquerías Reales”; la “Cueva del Monje”, la Cruz de la Gallega camino de la Fuente de la Reina; el puerto de Navacerrada y el de Los Cotos; Peñalara y la laguna Grande o el puerto de la Morcuera y la fuente denominada “de los Moralistas” (Fuente Cossío).

Y, a partir de aquí, un elemento que siempre captaba la atención de nuestro fotógrafo ocasional: las fuentes, los manantiales serranos de agua recién brotada: la de la Fuentecilla, la del Peñón -bajo la desaparecida casa de guardas del mismo nombre-, junto al puente de la “Cantina” sobre el Eresma, y las ruinas de la venta de los “Mosquitos”; la fuente de los “Dos Caños” o de la “Pescada”, camino de Valsaín.

En ocasiones, la ruta se alarga hasta el puerto de Los Cotos, con la subida a la Laguna Grande de Peñalara, donde somos espectadores de la tradicional “Travesía a nado” en sus frías aguas o el refugio “Zabala” encaramado en lo alto del roquedo. Y si se alarga un poco más aún la excursión, tendremos el placer de visitar el monasterio de “El Paular” y finalizar en la fuente de “Cossío” en el puerto de la Morcuera.

La exposición, realizada por Juan José Bueno Maroto (Coordinación), Juan Pedro Velasco Sayago (Documentación) y Juan Ignacio Davía San José (Montaje) podrá visitarse en las salas de temporales del Museo Rodera Robles HASTA EL MES DE DICIEMBRE. ACCESO LIBRE A LA EXPOSICIÓN TEMPORAL HASTA EL 1 DE SEPTIEMBRE. Si quiere conocer algo más sobre la exposición, puede descargarse aquí el folleto de la misma.