EXPOSICIÓN TEMPORAL

Manuel Riosalido (Foto Rio): el valor de la mirada (VIII): La Memoria Habilitada

Segovia, a  mediados del siglo XX era una ciudad tranquila, de ritmo pausado y alma rural, donde el sonido de los carros se mezclaba con el canto de las campanas de las iglesias y las conversaciones en los portales o en las aceras de las calles. Eran los años de recobrar el pulso ciudadano tras la guerra: un tiempo de esfuerzo, de trabajo callado y esperanza. La vida giraba en torno al mercado, a las plazas, a los talleres, a las escuelas y a la presencia casi constante del estamento militar y de las manifestaciones religiosas; una vida sencilla, sostenida por el valor de las muy arraigadas costumbres.

Durante esas décadas centrales, España iniciaba un lento pero imparable proceso de cambio. En los pueblos y en las ciudades pequeñas, como Segovia, la ruralización daba paso a la modernidad: las máquinas reemplazaban poco a poco a los animales de tiro y al esfuerzo humano, la electricidad llegaba a los barrios más humildes, y los primeros automóviles y electrodomésticos transformaban la vida cotidiana. Con el desarrollo económico de los años sesenta, nuevas formas de trabajo y de consumo se abrían paso, mientras la sociedad, todavía anclada en tradiciones profundas, comenzaba a mirar de frente al futuro.

En medio de esa transición, la cámara de Manuel Riosalido, tras la marca comercial de Foto Rio, se convierte en testigo privilegiado. Desde su estudio en el corazón de la ciudad, y a través de innumerables encargos y reportajes, Manuel retrató la vida diaria de los segovianos: fiestas, bodas, procesiones, escuelas, ferias y escenas del trabajo cotidiano. Con una mirada respetuosa y profundamente humana, supo captar no sólo los rostros, sino también el alma de una comunidad que se transformaba sobre su propia identidad. Cada imagen es una pequeña historia congelada en el tiempo, una invitación a detenernos y contemplar cómo eran nuestros abuelos, nuestros padres o nosotros mismos, en definitiva, cómo vivíamos los segovianos.

Quienes visiten esta muestra podrán intuir cómo sus mayores veían salir el humo con olor a galleta de las altas chimeneas de ladrillo de la fábrica de Carretero; o pueden ver al escultor Moro ante el boceto de su monumento al Padre Claret; la fabricación artesanal y rudimentaria de ladrillos; las maniobras de los alumnos de artillería a pie o a caballo, o la demolición del convento del Carmen Calzado para convertir el recinto religioso en una flamante la Caja de Ahorros…

La Fundación Rodera-Robles desea expresar su más sincero agradecimiento a José Manuel Riosalido, hijo del fotógrafo, por su generosidad, su entrega y su compromiso con la conservación de este extraordinario legado. Gracias a él, durante los últimos años se han podido celebrar ocho exposiciones dedicadas a la obra de su padre, todas ellas recibidas con gran éxito de público y elogio de la crítica. Su colaboración ha hecho posible que las nuevas generaciones descubran en estas imágenes una parte esencial de la historia reciente de Segovia.

            Esta muestra es, por tanto, forma parte del homenaje a la mirada de un hombre que supo ver la belleza en lo sencillo, y a una Segovia que, en pleno proceso de cambio, conservaba intacta su alma. Es también un reconocimiento a la fotografía como herramienta de memoria.

El autor: Manuel Riosalido (Madrid, 29/11/1912 – Madrid, 4/10/1964)

Nacido en Madrid, donde transcurrieron sus años de formación dentro del sector de las artes gráficas, vio frustrada su vocación profesional  por la guerra civil. Al finalizar ésta, orientó su carrera hacia la fotografía, además de por su profunda afición, por asegurarse una forma de vida para el futuro laboral.

Los primeros años de posguerra le llevaron a cambiar de residencia: primero en Valencia y después en Vigo hasta que, de forma circunstancial, decidió, en 1944, fijar su residencia y su actividad profesional en la pequeña ciudad de Segovia, cuya cercanía con Madrid le facilitaría mucho su trabajo y el contacto con el  ámbito de  la fotografía como documento gráfico para la prensa.

Su primer domicilio estuvo en la calle de la Judería Nueva, en el barrio de San Andrés, pero muy pronto se vio obligado  a trasladarse  a un piso más amplio, donde instalar el laboratorio y el estudio, en la calle de Juan Bravo.

Falleció repentinamente en octubre de 1964. Durante los veinte años de actividad en Segovia, se implicó totalmente en la vida de la ciudad donde encontró una magnífica acogida de sus colegas de profesión y se ganó la amistad y el aprecio de la sociedad segoviana que contaba con su trabajo en todos los campos: desde los puramente comerciales hasta la intimidad de los acontecimientos familiares.

Fotógrafo oficial del Ayuntamiento de Segovia, de la Diputación Provincial y de la Academia de Artillería. Asimismo trabajó como corresponsal para Segovia y su provincia: de la Agencia Efe, de la Agencia Torremocha y del Anuario Español del Gran Mundo.

Su legado está formado por un archivo de aproximadamente 210.000 negativos en blanco y negro que conforman un importante patrimonio documental gráfico de la vida de Segovia y su provincia durante las décadas centrales del siglo XX.

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